Después de recorrer la Patagonia, el Norte de Chile y Bolivia, Perú sería mi último destino en este periplo de casi dos meses por Sudamérica. Cruzar la frontera entre Bolivia y Perú  es un trámite bastante rápido. Es necesario pasar por ambas oficinas de inmigración donde, en una te sellan el pasaporte con la fecha de salida  y, en la otra, debes especificar cuántos días piensas quedarte en el país.

Arequipa | Cañón del Colca | Cuzco y el Valle Sagrado | Camino del Inca | Lima

Bienvenidos a Perú.

Arequipa

Mi primera parada en este viaje por Perú, es la ciudad de Arequipa. Se trata de la segunda ciudad más poblada del país después de Lima. Merece la pena recorrer su centro histórico, visitar el bonito y laberíntico Monasterio de Santa Catalina, su concurrida Plaza Mayor (o Plaza de Armas) y la imponente Basílica Catedral. Quizás lo que más me impresionó de Arequipa son los tres volcanes que rodean la ciudad y que pueden verse desde casi cualquier rincón: Misti (5820 m), Chachani (6075 m) y Pichu Pichu (5664 m).

Las calles dentro del Monasterio de Santa Catalina llevan nombres de ciudades españolas.

Uno de los muchos preciosos rincones que hay en el Monasterio de Santa Catalina.

El volcán Chachani visto desde el Monasterio de Santa Catalina.

El imponente volcán Misti.

Plaza de Armas en Arequipa.

Si hay algo que destaca en la cultura peruana es su diversa y exquisita gastronomía. Una manera muy divertida de saborear los platos típicos peruanos, es aprendiendo a prepararlos. En Arequipa, por un precio más que razonable, se puede contratar un taller de cocina peruana donde la chef te enseña la elaboración del rocoto relleno y el ceviche peruano, acompañado todo ello de un refrescante pisco sour.

Preparando los ingredientes del ceviche.

Este taller de cocina peruana se desarrolla en una terraza con vistas a la Catedral de Arequipa.

Sirviendo el pisco sour.

Un espumoso y delicioso pisco sour listo para ser disfrutado.

Ceviche, rocoto relleno y pisco sour. ¡Buen provecho!

Con el buen sabor de la comida típica peruana, sigo explorando la ciudad de Arequipa. Cuando uno se encuentra en un lugar desconocido, hay pequeños detalles de las costumbres y el entorno que siempre llaman la atención.

Transeúntes leyendo las portadas de los periódicos más sensacionalistas que yo haya visto.

Una frase inspiradora…

Un coche que parece haber salido de la película Grease.

Cañón del Colca

Una visita obligada estando en Perú es, sin duda, el impresionante Cañón del Colca. Se trata de uno de los más profundos del mundo y un destino muy popular para hacer senderismo. En este valle, con paisajes verdes y varias aldeas remotas, habita el enorme cóndor andino, que puede contemplarse desde varios miradores, como el de Cruz del Cóndor.

Vegetación en el Cañón del Colca.

Después de unas cuatro horas en autobús desde Arequipa, decido bajarme en la localidad de Chivay y pasar allí la noche. Aprovecho la tarde para visitar el pueblo y dar un paseo junto al río Colca hasta el Complejo de Aguas Termales La Calera. Allí uno puede relajarse con un buen baño de agua caliente en mitad del valle del Colca.

Plaza de Armas de Chivay.

Paraje en el valle del Colca.

La mayoría de los turistas se detienen en el Mirador del Cóndor y quizás el autobús les lleva a visitar alguno de los pueblos que hay en los alrededores. Yo, sin embargo, decido seguir por mi cuenta para explorar las entrañas del cañón. Mi intención es caminar hasta el Mirador de San Miguel a las afueras de Cabanaconde y desde ahí empezar el descenso por las empinadas paredes el cañón.

Mirador Cruz del Condor, donde las impresionantes aves sobrevuelan las cabezas de los turistas.

Después de varios kilómetros caminando junto a la carretera desde el Mirador del Condor en dirección a Cabanaconde, hago auto-spot y consigo que un camión pare y me recoja. Para mi sorpresa, en la parte de atrás, viajan un grupo de cholitas muy simpáticas. Eso sí. Antes de bajarme, me piden el donativo de rigor por haberme llevado.

Las simpáticas señoras que viajan en el camión.

Algunas hablaban, otras dormían profundamente…

Las cholitas me señalan por dónde debo continuar para llegar hasta el Mirador de San Miguel.

Impresionantes vistas del cañón y el río Colca desde el Mirador de San Miguel.

El Oasis Sangalle en las profundidades del Cañón del Colca.

Comienza el largo descenso por el cañón…

Las vistas dentro del cañón son impresionantes.

Poco a poco, me voy acercando al fondo del cañón por donde discurre el río Colca.

Después de más de tres horas de descenso por el Cañón del Colca, llego a la pequeña aldea de San Juan Chucho. Me hospedo en la Posada Gloria, donde nada más llegar, su anfitriona me ofrece  un buen plato de arroz con carne de vicuña para reponer fuerzas.

Plato típico del Colca: arroz, papas y carne de vicuña.

Haciendo amigos en la Posada Gloria.

Al amanecer, la perspectiva dentro del cañón es alucinante.

A la mañana siguiente, continúo la ruta a pié por el interior del Cañón del Colca hacia la aldea de Tapay. Hoy toca subir…

El sendero que sube a Tapay.

Un paso sobre el río Colca.

Disfrutando de las fantásticas vistas del interior del cañón.

El oasis de Sangalle, mi próxima parada.

La segunda noche de este recorrido por el valle del  Colca, la paso en el Oasis Sangalle. Haciendo gala a su nombre, se trata de un paraje lleno de vegetación donde hay varios hospedajes con piscinas naturales donde descansar y relajarse. Al día siguiente, me levanto a las 5:00 de la mañana para empezar el ascenso antes de que empiece hacer demasiado calor. Después de algo más de dos horas de dura subida, llego a la pequeña población de Cabanaconde, donde un bus me lleva de vuelta a Arequipa.

El Cañón del Colca justo después de la salida del Sol.

Lugareños en la Plaza de Armas de Cabanadonce.

Me despido de Arequipa con la imagen de los volcanes Chachani y Misti de fondo antes de subirme al avión rumbo a Cuzco.

Cuzco y el Valle Sagrado

Cuzco fue la capital del Imperio Inca y es conocida por sus restos arqueológicos y la arquitectura colonial española. También es probablemente la ciudad más bonita y visitada del país. Su Plaza de Armas es el centro de la ciudad antigua, con galerías, balcones de madera tallada y ruinas de murallas incas. El convento de Santo Domingo, de estilo barroco, se construyó sobre el Templo del Sol inca (Qoricancha) y tiene restos arqueológicos de cantería inca.

Vistas de la ciudad de Cuzco desde el hostal Saqray.

Durante mi estancia en Cuzco, me alojé en el hostal Saqray, donde estuve realmente a gusto. Se trata de un alojamiento limpio, acogedor y céntrico, regentado por una pareja  muy simpática y atenta con sus huéspedes. Super recomendable.

Una de las muchas callejuelas de Cuzco.

Si hay algo que abunda en Perú, son las tiendas de artesanía y ropa típica de allí.

La catedral de Cuzco asomando desde la Plaza de Armas.

Otra típica calle Cuzqueña.

La bonita Plaza de Armas de Cuzco.

Desde Cuzco, salen las excursiones a los diferentes lugares del Valle Sagrado, como las ruinas de Ollantaytambo, el lugar arqueológico de Moray o las salineras de Maras. Merece la pena también acercarse hasta la gran fortaleza Saqsaywaman, a las afueras de Cuzco.

Un grupo de indígenas peruanos posando con sus llamas a la entrada de Saqsaywaman.

Parte de la inmensa fortaleza de Saqsaywaman y Cuzco al fondo.

Enormes piedras formando una puerta en Saqsaywaman.

Grupo de llamas pastando en Saqsaywaman.

El pueblo de Ollantaytambo en el Valle Sagrado.

Sitio arqueológico de Ollantaytambo.

Sitio arqueológico de Ollantaytambo.

Lugareños en la Plaza de Ollantaytambo en el Valle Sagrado.

Mercado de Ollantaytambo donde comer algo típico peruano por unos pocos soles.

Mercado tradicional de Písac.

Mercado tradicional de Písac.

Mercado tradicional de Písac.

Una señora muy simpática en el mercado tradicional de Písac.

Mercado tradicional de Písac.

Complejo arqueológico de Písac.

Demostración de cómo tiñen el tejido de alpaca para su confección en Chinchero.

Tejido de alpaca y tinta roja conseguida a partir de la cochinilla.

Tejidos de alpaca teñidos en diferentes colores.

Salineras de Maras.   

Hay 3000 pozos en las salineras de Maras donde se sigue extrayendo sal para su venta.

Camino del Inca

Este camino fue construido por los incas para llegar hasta la ciudad sagrada de Machu Picchu. A lo largo de sus 42 kms se pasan asentamientos, túneles y muchas ruinas incas antes de terminar en la Puerta del Sol en la montaña de Machu Picchu. Es un recorrido a pie bastante exigente que se completa en cuatro días y tres noches.

Compañeros de ruta y el guía en el comienzo del Camino del Inca.

Cruzando el poderoso río Urubamba.

En algún lugar del Camino Inca.

Parando para admirar el nevado Salcantay (6264m).

Antiguo asentamiento Inca.

Impresionantes vistas desde nuestro campamento en la primera noche.

En la segunda etapa, la más dura con diferencia, se empieza a caminar a una altitud de 2.800 metros y se asciende durante unas 4 ó 5 horas hasta los 4.200 metros. Para hacer esta etapa aún más divertida, no paró de llover. Una vez en el Paso de la Mujer Muerta, se desciende una cantidad ingente de escalones por el otro lado de la montaña hasta el campamento donde llegaríamos al fin exhaustos.

La interminable y dura subida del segundo día.

En el Paso de la Mujer Muerta a 4200 metros sobre el nivel del mar.

Hora de merendar y hacer balance sobre la jornada con nuestro guía y uno de los porteadores.

Nuestros porteadores tomándose un descanso después de un esfuerzo casi sobrehumano.

El tercer día de ruta consiste en subidas y bajadas por el camino de interminables escalones. El paisaje y las ruinas incas que encontramos durante todo el trayecto, son impresionantes. Merece la pena mencionar el durísimo trabajo que realizan los porteadores durante toda la ruta. Ellos se encargan de transportar las tiendas de campaña, víveres, utensilios de cocina, etc.

Uno de nuestros porteadores cargando con más de 20kg a la espalda.

Uno de las muchos restos arqueológicos en lo alto de una colina con impresionantes vistas.

Todo lo que sube, baja…

Es muy habitual encontrarse llamas por el Camino del Inca pastando a sus anchas.

El cuarto día sobre las 7:30 de la mañana, por fin, entramos a Machu Picchu por la icónica Puerta del Sol. Para nuestra sorpresa, la niebla cubre absolutamente todo. Según avanza la mañana, la impresionante ciudad sagrada de la civilización Inca, va haciendo su aparición entre la condensación de agua que hay en el aire.

La ciudad sagrada de Machu Picchu desde la montaña Wayna Picchu.

Agotado pero satisfecho de haber llegado a nuestro destino.

Restos arqueológicos de la ciudad y la montaña Wayna Picchu al fondo

Lima

De vuelta en Cuzco, agotado y sucio después de 4 días pateando por encima de los 2000 msnm y 3 noches durmiendo en una tienda de campaña, llego al hostal Saqray donde disfruto de una de las mejores duchas que recuerdo haberme dado hasta la fecha.  Al día siguiente me espera la ciudad de Lima, el que sería mi último destino en este viaje alucinante por Perú.

La costa de Lima desde el aire.

Si hay algo que me gustó de Lima, es el aire artístico y bohemio con cantidad de arte callejero en el barrio Barranco.

Con varios kilos de menos y mucha barba pero contento pro las experiencias vividas, acaba mi viaje de casi dos meses por Sudamérica.

Hasta la vista, Perú…

El que escribe con un look a lo naufrago después de casi dos meses sin afeitarme.