Este es el segundo viaje en bici que he hecho hasta la fecha y el primero en solitario. Elegí Mallorca como destino para recorrer su costa y, en especial, su parte norte y más escarpada: la Sierra de la Tramontana. Saliendo en ferry desde el puerto de Barcelona se tardan unas 5 horas hasta Puerto Alcudia, en el este de la isla. A la hora de comprar el billete, hay diferentes modalidades, desde viajar sin butaca, hasta un camarote privado. Yo escogí viajar en butaca “premium”, lo que te permite reclinar un poco el asiento para dormir (o al menos intentarlo).

En Barcelona, a punto de embarcar en el ferry hacia Mallorca.

Una vez desembarco en Puerto Alcudia sobre las 5:00 de la mañana, paso por el apartamento donde me alojo ese día. Se trata de una habitación que alquilo a través de Airbnb en casa de una pareja de dos chicos muy simpáticos y hospitalarios.

Después de echarme una cabezadita y reponer algo de fuerzas, me pongo en marcha para la primera etapa de mi viaje en bici que consiste en subir desde Alcudia hasta Cap de Formentor. Son unos 50 km con un desnivel acumulado de 975 metros. Ese día me doy cuenta de que llevo demasiado peso en la alforjas, así que dejo una de ellas con la mitad de las cosas en Alcudia.

Amanecer a mi llegada al alojamiento en Alcudia.

Cogiendo fuerzas para la primera etapa.

El inicio de la primera etapa de Alcudia a Cap de Formentor.

La estrechísima carretera que sube a Cap de Formentor.

La llegada a Cap de Formentor.

Después la subida hasta Cap de Formentor, decidí hacer una parada para darme un bien merecido baño en las aguas turquesas de Cala Figuera.

A punto de darme un baño en Cala Figuera.

Al día siguiente, parto desde Alcudía rumbo a Soller con parada en el Monasterio de Lluc para comer y descansar. Esta sería la etapa con mayor distancia y desnivel de todo el viaje. En total, unos 64kms de recorrido y hasta 1200m de desnivel negativo y otros 1170m de desnivel positivo. La subida supuso todo un reto para mis piernas. La bajada, sin embargo, fue una increíble cuesta abajo a toda velocidad hasta llegar al pueblo de Sóller.

Empezando la subida a Lluc detrás de un grupo de ciclistas.

Perdiendo de vista al pelotón…

El paisaje de la Tramontana es el mejor compañero de viaje.

Los descansos son necesarios en esta subida de más de 1000 metros de desnivel.

En plena Sierra de la Tramontana con el Puig Mayor al fondo.

Gorg Blau.

En la parte más alta de la carretera las vistas de la Tramontana son impresionantes.

Ahora viene lo más divertido: la bajada hasta Sóller.

Después de varios kilómetros de pura bajada, llego a Sóller. Se trata de una población de la costa noroeste con unos 14.000 habitantes. Cuenta con un ferrocarril que la conecta con Palma de Mallorca, así como una línea de tranvía para llegar hasta el Puerto de Sóller.

Varias casas en Sóller con la Sierra de la Tramontana de fondo.

Iglesia de Sant Bartomeu en la plaza de la Constitución.

Atardecer en el Puerto de Sóller.

El viaje en bici continúa al día siguiente en dirección suroeste hacia Valdemosa parando en otras poblaciones más pequeñas como Deyá y admirando la belleza de la costa mallorquina.

En la bonita localidad de Valdemosa.

Sabia frase.

Torre del Verger.

Una curiosa escultura hecha con partes oxidadas de un coche que encontré por el camino.

En algún lugar de la preciosa Tramontana mallorquina.

Ese día, decido pernoctar en Esporles. Me alojo en el tranquilo Hostal Esporles donde, a parte del dueño del alojamiento, solo encuentro un grupo de alemanes  cincuentones. Después de pasear y tomar algunas fotos por esta pequeña localidad, descubro un emocionante libro de aventuras que me enganchará y acompañará el resto del viaje: Océano de Alberto Vázquez-Figueroa.

Parroquia Sant Pere en Esporles.

De Esporles, me dirijo a Puerto Andrach, una de las zonas más exclusivas de Mallorca. En Booking.com encontré un alojamiento muy peculiar con una ubicación privilegiada a un precio razonable. Se trata de un museo/hotel boutique que su dueño, Dieter W. Liedtke, un artista de origen alemán muy simpático y algo excéntrico, dedica a sus exposiciones y al turismo a partes iguales. Tuve la suerte de encontrarme prácticamente sólo en el hotel y dediqué la tarde a sumergirme en las páginas de Océano disfrutado de unas vistas espectaculares.

A mi llegada a Puerto Andratch.

Puerto Andrach es una de las zonas más exclusivas de Mallorca.

Las fantásticas vistas desde la terraza del hotel.

Leyendo la emocionante novela Océano de Alberto Vázquez-Figueroa.

A la mañana siguiente, me despido de Puerto Andrach para continuar hacia Palma de Mallorca, la última para de este viaje en bici por Mallorca. Esta etapa a penas tiene desnivel y discurre mayormente por un carril bici separado del tráfico de coches, lo cuál es de agradecer.

Una plaza con un mercadillo en algún lugar de Palma.

Estanque con cisnes en la Catedral de Palma.

Cerca de la Catedral de Palma.

El turismo masivo ha tenido consecuencias muy negativas también en Palma.

Junto a mi compañera posando frente a la preciosa Catedral de Palma.